“Descripción de las Indias”
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Según cuenta la “Descripción de las Indias”, de Fray Reginaldo de Lizárraga, escrita entre 1560 y 1602, la historia de la calle de la orilla está ligada al rico comercio que, desde tiempos inmemoriales, se desarrolló en “la ribera de un río grande y caudaloso” al que, en los tiempos de la navegación a vela y canalete, “no se puede entrar si no es con creciente de la mar, ni salir si no es en menguante” puesto que, “tanta es la velocidad y violencia del agua creciendo o menguando” –
“…en tres
crecientes llegamos al amanecer del sábado 23 ala ciudad” -escribe en su
diario de 1740, Don Miguel de Santisteban- habiendo pasado las dos
vaciantes, dados fondos en aquellos parajes donde la corriente del río tiene
menos fuerza y en que la distancia del bosque a la orilla preserva en gran
parte de la incomodidad de los mosquitos…”
“Todo este río, a
lo menos en la madre que yo vi, es abundante en caimanes y lagartos – relatan
las crónicas de Lizárraga – vi a los indios que remaban y
guiaban las balsas, darles de palos con los botadores para que nos dejasen
pasar”-continúa el relato- “duermen en tierra y en ella
son perezosos”. Era tal la abundancia de lagartos, que Lizárraga
la comparó con los episodios vistos en Panamá, cuando en una oscura madrugada
de San Juan, (mes de junio), mientras “El caimán estaba durmiendo
en tierra” tres mujeres “llegaron al río y en unas
pozas entraron a bañar… y saliendo una a enjuagarse, le pareció peña el caimán
dormido y se sentó…”.

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