PARA CONTINUAR...
El
embellecimiento, ornato y empedrado del malecón fue una obra muy sentida,
desde siempre, por los guayaquileños. Por eso en el Acta del Cabildo
correspondiente al 3 de diciembre de 1799 se puede leer, en las partes
sustanciales, que: “en la ciudad de Santiago de Guayaquil, en tres
días del mes de diciembre de mil setecientos noventa y nueve, los señores del
Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento” acordaron solicitar “al señor
Director del Real Cuerpo de Ingenieros…” “se sirva decir lo que haya observado
acerca de la construcción y fábrica del malecón, y muelle a la orilla del río,
su importancia, utilidad, comodidad, hermosura y demás…”
Previamente, en la
sesión del día 20 de septiembre, se había acordado “…que se
extraigan tres mil pesos de la caja de los propios para la continuación de la
obra”
Para entonces, la
Calle de la Orilla o Malecón se extendía ya por el norte, desde La Planchada, y
llegaba hacia el sur hasta el Conchero, situado a la altura de la hoy Av.
10 de Agosto.
El primer
amuramiento -según se lee en las Actas del Cabildo, en 1801- avanzaba “desde
la Aduana hasta la Administración de aguardiente” (Aguirre hasta
Sucre). El muro estaba conformado de un tabla estacado de mangles, “enclavados
en la playa para contener rellenos de piedras” – anota Chávez
Franco en su informe al Concejo Cantonal, del 4 de abril de 1927- “…
y conquistándole al río un buen trecho de sus playas, resultó un hermoso
paseo, para entonces de 16 a 18 varas de ancho…”
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